Milagros de amor

Por: Rafael Martell Ferral

El dolor sin cuerpo se vuelve más agudo, ciñe los bordes de la conciencia, rompe su ritmo y su reflejo, duele más por inevitable y ajeno. Se desliza la desesperanza suave y cálida, íntima, adherida a las raíces del alma. Quedan palabras huecas, suenan como pisadas lejanas por los pasillos de una prisión que puede quedar deshabilitada.
Navegando entre sistemas y circuitos, cierta noche encontré en una computadora el diario de una mujer excepcional. Al principio sentí los escrúpulos naturales ante el contenido íntimo del diario. Intente desechar el deseo de enterarme, pero no pude resistir el impulso de leer el primer párrafo. Era humanamente patético lo que estaba en los renglones iniciales. Hablaba de los días y las noches de una joven mujer que lo tenía todo al alcance de sus deseos…

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