El final de un cuento

*En memoria de Roberto J. G. Torres Gómez

Por: Paulo Cesar Cruz Reyes
paulito_sud@hotmail.com

-En realidad lo único a lo que temo es al hecho de saber que voy a privar de muchas tardes de juego a mis hijas, interminables horas de aventuras en lugares inimaginables, encarnizados sobre la popa de un barco pirata en la lucha sublime por alcanzar el mejor de los tesoros: nuestra unión. Pero yo pronto dejare su barco.
-Lo único acertado fue mi comentario sobre lo mucho que admiraba su valentía, “todo un Rey de los Piratas”, le dije.
Ahí sobre su cama, con la mirada perdida, analizando las rutas trazadas en algún mapa escondido sabiamente en los baúles de su memoria, una lágrima resbala sobre su mejilla. Sabe que la hora de zarpar es inevitable y próxima. El anhelo de jamás dejar esta orilla es evidente y pronto sus ojos se vuelven un mar que va erosionando tierra firme. Pronto mis muelles también se ven alcanzados por la marea…

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