Milagros de amor

Por: Rafael Martell Ferral

Continuación:
Pronto pude ubicar la dirección de Penélope, así cómo también la oficina de su contador, la de su abogado personal; de esta manera supe mucho acerca de ella.
Una de sus líneas de teléfonos de la mansión estaba dedicada a uno MODEM, y puesto que soy paciente y diligente, pude tener acceso a su computadora personal, y sin mucho pensarlo le envié un “Emilio”.
-Hey, mi nombre es Gilgamesh; no me conoces, pero yo si. Desde el primer momento que te vi me enamore de ti. Se que eres inmensamente rica y bella, no obstante mi adoración por ti no esta influida por tu gran fortuna, tu riqueza no me es de interés en lo mas mínimo; solo te quiero a ti. –Posiblemente estaba al tanto de su correo, porque a los pocos minutos me contesto mi correo.
-¿Quién eres? Me suenas como una persona bastante interesante, por no decir intrigante. ¿Podrías enviarme tu currículum? ¿Cómo es que sabes tanto de mi? –Al momento le envié la historia de mi vida…

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